Por: María Eugenia Chará Niño
El pasado 19 de abril a las 11:40 a.m. un grupo de aventureros de la palabra de
En la aventura quijotesca se batalló con la indiferencia y el desden del ciudadano agobiado quién como náufrago exhausto en su mundo interior, se negó a recibir el libro obsequiado por la colección LIBRO AL VIENTO, pero también se logro recobrar el botín materializado en la mirada cómplice, atenta y curiosa de los otros tripulantes quienes expresaron tácita o explícitamente su aprobación por esta contienda como generadora y multiplicadora de cultura, entretenimiento y tolerancia.
Esta hazaña permitió por unos minutos escapar de la multitud masificada que mira fría y aisladamente la ventana o que cuida afanosamente el bolsillo porque todo su alrededor es peligroso, a la construcción de un espacio en donde la cercanía con la presencia humana permite comprender que siempre podemos ser única y exclusivamente por la presencia del otro, es el otro el quien siempre nos salva.
Fue muy emocionante ver leyendo a mi tia en un trasmilenio, rompe con la cotidianidad
Super chevere tia me gustaria participar
estefi
Muy buen texto Chará, un abrazo
Muchas gracias por tu comentario. Estoy de acuerdo con sumercé. Un abrazo
Romper el hielo es una de las partes más difíciles en toda relación y proceso y definitivamente con algunos no se logra. Como mencionas, la parte positiva del cuento es que con la mayoría sí es posible y eso ilumina el espíritu.
En nuestro quehacer pedagógico sucede lo mismo, pero no decaemos y eso es lo que hace valioso este tipo de acciones.